Inici LLIBRES DOCUMENTALS I PEL·LIS

lunes, julio 09, 2007

Reflexiones de José María Larramendi

No debieramos equivocarnos. Sería un gran error extrapolar la evolución actual para predecir el escenario futuro. Esta es una película que se acelera.

La evolución de los paises emergentes supondrá la desestructuración de las empresas que caminan hacia una empresa en red.

Conocemos los mecanismos, pero las magnitudes varían substancialemnte. Según los datos y estadísticas disponibles, China duplicará su capacidad económica antes del 2010.

El futuro que se dibuja para la economía mundial se caracteriza por grandes desigualdades internas, costos industriales en disminución permanente en los países industriales del norte y una productividad de los paises emergentes similar a los del norte.

Dada la dimensión de sus mercados, serán los dinamizadores del comercio mundial. Debemos de saber que la unión europea no presenta ventajas geográficas como los EEUU ni sectoriales como Japón y su capacidad de adaptación (reorientación hacia mercados o productos en progresión) es muy reducida.

Después de haber perdido, en parte, el hito de de las tecnologías de la información, Europa podría descolgarse de la era de las biotecnologías, lo que resultaría fatal para el empleo en informática e investigación.

[...] Es bien conocido que vivimos un tiempo de profundos y acelerados cambios. La globalización que ha caracterizado el final del siglo XX y caracteriza los comienzos del XXI establece un nuevo escenario histórico.

Este hecho exige a todo actor social volver a situarse, pensarse a sí mismo a partir de las nuevas coordenadas que atraviesan nuestra sociedad más cercana y el mundo que habitamos. Exige ubicarse conscientemente en las nuevas condiciones históricas.

Es cierto que no tenemos una explicación compartida de lo que ocurre, de lo que nos ocurre. Vivimos un mundo confuso, complejo, inestable, interconectado.

Nos zarandea la globalización, nos preocupa el materialismo, nos inquieta el individualismo, nos desconciertan valores de las nuevas generaciones, trabajamos para el crecimiento económico, buscamos la seguridad de los puestos de trabajo, nos importa nuestro pueblo, vivimos la sociedad de las emociones, nos preocupa el futuro de nuestro planeta, quisiéramos un futuro distinto para las masas descolgadas de los mínimos humanos de subsistencia, no renunciamos del bienestar que disfrutamos, deseamos el desarrollo de las personas, nos preocupa el futuro de los nuestros.

Sabemos que las personas, los mercados, los capitales, las ideas, las culturas, los lugares están interrelacionados y son interdependientes.

Comprendemos que, por nuestro afán de prosperar hacemos estragos económicos en el medio ambiente y en la sociedad de las personas y el abismo entre ricos y pobres se ahonda aceleradamente.

Parecería que la incredulidad fuera la única posición racional que no fuera la ira, la violencia, la frustración o la desesperanza.

José María Larramendi