La globalización alimentaria empeora la calidad de nuestra alimentación. Los productos que llegan a nuestros platos requieren unos procesos nocivos que nuestro metabolismo no es capaz de asimilar. Desde el uso de pesticidas o semillas transgénicas, conservantes y demás productos tóxicos; nuestro organismo está sometido a una contínua invasión de contaminantes que derivan en enfermedades como la obesidad, la diabetes, las alergias, malformaciones congénitas, desarrollo de tumores, insuficiencias renales y hepáticas, entre otras muchas.
Que la cadena de producción de nuestros alimentos sea cada vez más larga supone que cada vez que se efectúa una manipulación existe el riesgo de contaminarlos y que para la persona que va a consumir el producto final sea más difícil elegir su alimentación como mejor le convenga a su organismo.