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domingo, abril 22, 2012

Propensión a la censura

De Justino Sinova (21/04/2012) de Iniciativa Debate Público

De vez en cuando surgen por algunos de los rincones de España maniobras para imponer silencio a la disidencia. Vivimos en una sociedad en la que la libertad está protegida por las leyes, pero hay quien desearía poder tapar la boca a quienes emiten criterios que consideran inoportunos y a quienes opinan fuera del cauce de lo establecido por una supuesta corriente mayoritaria (eso que se llama lo políticamente correcto y que tantas veces es en realidad lo ideológicamente impuesto). Y hay quien incluso expulsaría de España a quienes discrepan. George Orwell acuñó una de las más brillantes definiciones de la libertad política de expresión: “es el derecho a decirles a las otras personas lo que no quieren oír”. Esxs inspectorxs del pensamiento que se levantan indignadxs contra lxs que disienten prohibirían hoy a Orwell entrar en esta España.

(...) No hay que estar de acuerdo con lo que dicen para defender su derecho a decirlo (nadie coincide al cien por cien con las opiniones de otra persona), simplemente hay que respetar la libertad de expresión y usar los cauces de la ley si se presume una ilegalidad en lo que dicen.

(...) Pero hay quien no soporta escuchar lo que desentona con su opinión o su ideología o su comportamiento.

(...) La intolerancia de lxs inspectorxs del pensamiento es un atentado latente a la libertad personal y revela en algunos una instintiva propensión a la censura.

miércoles, abril 04, 2012

Violencia química

El Centro de Estudios de Política Social de la Universidad de Bremen ha denunciado en el periódico alemán "Welt am Sontag" que un cuarto de millón de ancianos y enfermos mentales son sedados de forma indiscriminada en Alemania, no por prescripción médica sino "para ahorrar en personal" que debería atenderles.

El director del estudio, Gerd Glaeske, afirma que se trata de violencia química. Calcula que un cuarto de millón de personas con demencia o en régimen de atención residencial o ambulatoria son víctimas del sistema.

No es el único que denuncia el abuso de fármacos para apartar de la sociedad a aquellas personas que suponen una "carga" para el sistema. Zygmunt Bauman en "Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias" afirma que el modelo capitalista considera a todas aquellas personas que no son productivas ni tienen capacidad de consumo como residuos que deben alejarse de la mirada del resto de la sociedad.

¿Qué mejor que las drogas químicas para mantenerlas alejadas para que no protesten y que no se oigan sus quejas?

domingo, noviembre 20, 2011

La historia de nuestro cambio

Peio H. Riaño "Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo" Público (19/11/11)

Josep Fontana (Barcelona, 1931) acaba de publicar "Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945" Editorial Pasado y Presente

El autor afirma que después de la II Guerra Mundial se garantizaba "una existencia libre, sin miedo ni pobreza" Desde entonces, la frustración no puede ser mayor: Seis décadas después, Alemania vuelve a dominar Europa, y Estados Unidos ve cómo China amenaza su hegemonía.

(...) "Buena parte de las concesiones sociales se lograron por el miedo de los grupos dominantes a que un descontento popular masivo provocara una amenaza revolucionaria que derribase el sistema", describe Fontana.

"Las clases dominantes han vivido siempre con fantasmas: los jacobinos, los carbonarios, los masones, los anarquistas, los comunistas. Temían unas fuerzas oscuras que medraban para un día cambiar el mundo y quitarles todo. Eran amenazas fantasmales, pero los miedos eran reales", explica. Con esos miedos los trabajadores obtenían de los gobiernos concesiones, y las clases dominantes mantener el orden social. El primero en introducir medidas de seguros sociales en Europa fue, justamente, Bismarck, con el objetivo de calmar los ánimos.

"A partir de los años setenta, los ricos pierden el miedo. Y hoy, ¿a qué revolución van a temer los banqueros? Han perdido el miedo, y desencadenan el empobrecimiento global y el enriquecimiento de su grupo. Porque es una crisis desigual, que afecta sólo a los más pobres"

(...) "Desde 1945 a esta parte, la historiografía se ha dedicado a convencer a la gente de que todo intento de cambiar las reglas sociales conduce al desastre, lo cual es una lección de resignación incomparable. Pero eso no es lo que la historia debe hacer, en algún momento debe mover hacia el cambio."

(...) "Hay que combatir contra la hipnosis de la crisis, que induce a pensar que es un fenómeno de corto plazo, que se remediará. Pero esto ya dura más de 40 años y no tiene remedio fácil. ¡La ilusión de que siendo austeros va a pasar es un engaño! Cuando Esperanza Aguirre plantea que la educación no puede ser gratuita para todos mientras dure la crisis, no está pensando más que en el futuro la educación sólo la recibirá quien la pague. Las medidas de austeridad no lograrán que los cinco millones de parados de este país vayan a volver a encontrar ocupación", aclara.

sábado, octubre 15, 2011

Discurso del Gran Dictador

Charles Chaplin en el Gran Dictador (1940):



"Lo siento, no quiero ser emperador. Eso no es lo mío. No quiero gobernar ni conquistar a nadie. Quisiera ayudar a todos, si es posible. Judíos y gentiles, negros y blancos. Todos queremos ayudarnos unos a otros. Los seres humanos somos así. Nos gusta vivir para la felicidad de los demás, no para su desgracia. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente.

En este mundo hay lugar para todos. Y esta bella Tierra es fértil y puede proveernos a todos. Nuestras vidas pueden ser libres y hermosas, pero hemos perdido el rumbo. La codicia ha envenenado el alma humana, ha dividido el mundo con barreras de odio, nos ha precipitado hacia el sufrimiento y la muerte. Hemos progresado vertiginosamente, pero nos hemos encerrado en nosotros mismos.

miércoles, septiembre 14, 2011

Conspiración 11S

Es tan obvio que debajo de la ruina que dejaron
hay más mierda que la que jamás hemos imaginado.
No sabemos quien gobierna este mundo en el que estamos
ni por qué clase de seres hemos sido dominados.

Somos un rebaño de ignorantes muy bien adiestrados
a pagar por cada cosa del planeta que habitamos.
Tristemente lo aceptamos sin siquiera cuestionarlo
porque estamos del comienzo totalmente programados.

Pero no lo contó la TV - La Evidencia del 11 S - Mero from Divad on Vimeo.

jueves, agosto 27, 2009

Eichmann en Jerusalén

Existe una cosa tal como la gratitud fundamental por todo aquello que es como es; por lo que nos es dado y que no hemos hecho; por las cosas que son phy sei y no nómq (en griego, respectivamente, “por naturaleza” y “por convención”)
(p. 60)

La grandeza de este pueblo consistió una vez en que creía en Dios y creía en Él de tal manera que su confianza y su amor hacia Él era mayor que su temor. ¿Y ahora este pueblo sólo cree en sí mismo? ¿Qué provecho cabe esperar de ello?
(p. 61)

(...) Soy independiente. Pero esto significa (...) que no pertenezco a ninguna organización y que siempre hablo exclusivamente en nombre propio; y, por otro lado, que tengo gran confianza en el sebstdenken – pensar por sí misma – de Lessing, al que, según pienso, no puede sustituir ninguna ideología, ninguna opinión pública ni ninguna clase de “convicciones”. (...) No lo entenderás mientras no te des cuenta de que en realidad son míos y de nadie más.
(p. 62)

El mal no es nunca “radical”, que sólo es extremo, y que carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo e mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie. Es un “desafío al pensamiento”, como dije, porque el pensamiento trata de alcanzar una cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo en que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada. Eso es la “banalidad del mal”. Sólo el bien tiene profundidad y puede ser radical.
(p. 63)

La democracia fue aborrecida debido a que pretendía que prevaleciera la opinión pública sobre el espíritu público, siendo expresión de esta perversión la unanimidad de la ciudadanía: “Cuando los hombres ejercen su razón serena y libremente en torno a un cierto número de problemas diversos, es inevitable que surjan diferentes opiniones sobre algunos de ellos. Cuando son gobernados por una pasión común, sus opiniones, si se pueden llamar así, serán idénticas” (James Madison, The Federalist Papers, nº 50)

Existe una “decisiva incompatibilidad entre el gobierno de una “opinión pública” sostenida de modo unánime y la libertad de opinión”, pues “el gobierno de la opinión pública pone en peligro incluso la opinión pública de esos pocos que puedan tener la fuerza para no compartirla. [...] Esta es la razón por la que los Padres Fundadores tendían a equiparar el gobierno fundado en la opinión pública con la tiranía”. La cuestión es que “las opiniones nunca pertenecen a grupos, sino exclusivamente a individuos, quienes “ejercen su razón serena y libremente”, y ninguna multitud, ya sea la multitud de una parte o de toda la sociedad, será nunca capaz de formar una opinión”. Los grupos de interés forman pseudoopiniones, y si tales grupos, por cualesquiera razones, acertadas o equivocadas, se sienten amenazados, intentarán dejar fuera de su comunidad a las personas “independientes”, que no pertenecen a ninguna organización.
(p. 65)

Hannah Arendt “Eichmann en Jerusalén” Claves de la razón práctica 190 (2009)

jueves, julio 16, 2009

Aniversario en la vieja Europa: otra vez Normandía

De Rafael Poch 07/06/09

El texto recogido en este post se publicó en junio de 2004. George W. Bush aprovechaba entonces el aniversario de Normandía para vender en Europa su "cruzada contra el terrorismo". Las cosas han cambiado esencialmente poco desde entonces. Más allá de un discurso general mucho más "light" y sofisticado, en política exterior Obama (...) ha mantenido intacta la posición tradicional de Estados Unidos de que la violencia en Tierra Santa es, fundamentalmente, un asunto palestino en el que Estados Unidos es bienintencionado mediador.

(...) La vieja afirmación de que el altruismo es lo que mueve la acción de Estados Unidos en el mundo también es clásica
(...)

(...) Obama va a utilizar la memoria del soldado Ryan, como hizo Bush, para promocionar la receta tradicional: forjar un frente euro americano contra el resto del mundo. (...) La Otan avanza en esa dirección con su proyecto de transformarse en un bloque militar del Norte enfocado a la intervención militar en el Sur. (...)

Una respuesta militar a problemas vinculados a; sobrepoblación, desigualdad, doble rasero en materia de proliferación nuclear y derechos humanos, agotamiento de recursos fósiles, a la drástica disminución de los rendimientos agrícolas, y al aumento de la masa de refugiados, que son irresolubles sin profundas reformas, estructurales, políticas y de valores, en Occidente. (...)

En una clave conservadora respecto a su tradición histórica, Europa como proyecto resulta del todo inservible. Esa es la gran divisoria del debate sobre el futuro de la Unión Europea, por más que no se hable de ello en la campaña electoral: a qué mundo queremos contribuir, al solidario y sostenible, o al caótico-militarista. ¿Una Europa social, capaz de aprender de sus errores y sensible a cómo otros ven el futuro del mundo, o a la que se instala en su biografía de inventora del desastre industrial, del imperio moderno y de la destrucción masiva, de la que Estados Unidos es hoy paradigma indiscutible?.

Normandía

Este texto de 2004 sobre el aniversario de Normandía es actual también, porque mientras todo eso está en marcha, sigue aumentando la inducida ignorancia de las jóvenes generaciones sobre los datos más básicos de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Ambos aspectos, esa ignorancia y el continuismo de Obama, están relacionados, porque cuanto más ignorantes somos de nuestro pasado, más inconscientes somos de nuestro presente y más desarmados estamos ante el futuro.)

Muchos creen que John Wayne y el soldado Ryan salvaron a Europa del fascismo, que Angloamérica salvó al viejo continente, poco menos que en solitario, y que el desembarco en Normandía fue la gran acción decisiva. No fue así.

Ni el curso de la guerra, ni la derrota del fascismo, se decidieron allá. Los principales héroes no fueron John Wayne ni el soldado Ryan, sino gente de apellido eslavo que murió por un país que ya no existe. Los escenarios realmente decisivos fueron; Moscú, Leningrado (Peterburgo), Stalingrado (Volgogrado), y Kursk.

En el frente del Este, el Tercer Reich perdió 10 millones de soldados y oficiales muertos, heridos y desaparecidos, 48.000 blindados y vehículos de asalto, 167.000 sistemas de artillería. 607 divisiones fueron destruidas. Todo ello representa el 75% de las pérdidas totales alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

La diferencia en la escala militar es aplastante. En las playas de Normandía se registraron 10.000 muertos aliados, 4.300 de ellos británicos y canadienses y 6.000 americanos. En las grandes batallas del este, los muertos se contaban en centenares de miles. En la batalla de Moscú participaron unos 3 millones de soldados y 2.000 tanques. La URSS utilizó allí la mitad de su ejército, Alemania una tercera parte. En el Alemein, una batalla importante del otro frente, los alemanes disponían entre 60.000 y 70.000 soldados.

La escala del sufrimiento humano también es incomparable. La geopolítica de Hitler no tenía prevista la existencia de un estado ruso en Europa y en su escala racista los eslavos estaban muy abajo. La guerra en el este era a vida o muerte, muy diferente a la del oeste. Las ciudades y los pueblos eran destruidos, frecuentemente con sus habitantes. Murieron uno de cada cuatro habitantes de Bielorrusia, uno de cada tres de Leningrado, Pskov y Smolensk.

El esfuerzo angloamericano en el continente no empezó hasta que, en 1943, quedó claro que la URSS había parado el embate y que la derrota de Alemania era inevitable. Con otra actitud seguramente se hubieran evitado muchos muertos. Pero, ¿habría habido "segundo frente" si las cosas le hubieran ido bien a Hitler en el este?

Desde la firma del acuerdo británico-soviético sobre acciones militares comunes contra Alemania de julio de 1941, Stalin pedía la apertura de un "segundo frente" en Europa, es decir un desembarco aliado que aliviara la presión soportada por la URSS. La respuesta se demoró mucho.

El invierno de 1941, con los alemanes a las puertas de Moscú, fue crítico. Aquel año la URSS sufrió la mitad de las bajas militares de toda la guerra, 9 millones entre muertos, heridos y presos (dos terceras partes de los 27,6 millones de muertos soviéticos en la guerra fueron civiles), pero sólo recibió el 2% del total de los suministros que sus compañeros de coalición le enviaron durante toda la guerra.

Los documentos desclasificados de los archivos soviéticos están llenos de declaraciones de aliados occidentales que abundaban en la inconveniencia de apresurarse. ¿Por qué no dejar que las dos fieras se devoraran entre sí?

Visto desde Moscú, los angloamericanos desembarcaban en los lugares más alejados y menos relevantes para aliviar la presión sufrida por la URSS; primero en el norte de África (noviembre de 1942), luego en Sicilia (julio del 43), a continuación dos veces en Italia continental (en septiembre del 43 y en enero del 44), y sólo a menos de un año del fin de la guerra (en junio del 44) en Normandía.

Para entonces, el ejército soviético ya hacía 6 meses que había llegado a la frontera polaca de preguerra. Las democracias debían darse prisa si querían tomar alguna posición en Europa y evitar que "los rusos" volvieran a llegar a París, como habían hecho en el pasado.

Una manifiesta desconfianza presidió la alianza antifascista soviético-occidental desde sus mismos inicios. Sus motivos eran muchos y diversos. De parte occidental se acepta, por ejemplo, que el pacto germano-soviético de 1939 evidenció el parentesco entre nazismo y estalinismo. De las vergüenzas de las democracias, de su actitud ante el fascismo en vísperas de la guerra y de sus parentescos imperiales con Hitler y Mussolini, apenas se habla. Seguramente a causa de su manifiesta actualidad.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, aquellos políticos democráticos de Europa y América que luego "salvarían a Europa" mantenían un idilio con Hitler y Mussolini. Estados Unidos había apoyado al dictador italiano desde su llegada al poder en 1922. Sus desmanes se comprendían, porque conjuraban la amenaza bolchevique. Las inversiones americanas en Italia y en la Alemania fascista no disminuían, sino aumentaban, en los años treinta.

"Hitler ha prestado grandes servicios no solo a Alemania, sino a toda Europa Occidental, al cerrar el paso al comunismo (...) por eso es legítimo ver en Alemania un muro de contención occidental del bolchevismo", decía en 1938 el Secretario de exteriores británico, Lord Halifax.

Sobre la base común de aquella "contemporización", Londres y Berlín podían llegar a un "entendimiento". Halifax estaba dispuesto a conceder a Alemania todo lo que pidiera; "Danzig, Austria y Checoslovaquia", con tal de que esas anexiones se llevaran a cabo, "de forma pacífica y evolutiva".

Los principios de aquella Europa se habían retratado igualmente en su actitud ante la República Española.

La idea de que los proyectos de Hitler eran asumibles, que todo el mundo podía integrarse en ellos, y que la amenaza estaba en otra parte, era común en los gobiernos de la Europa de finales de los 30. Con Neville Chamberlain como jefe de gobierno en Londres y Edouard Daladier en París, las democracias calificaban de "paz con honor" la entrega de Checoslovaquia al Reich practicada por la Conferencia de Munich.

El ministro de exteriores polaco, Jozef Beck, prometía apoyar la reclamación nazi sobre Austria y tener en cuenta los intereses del Reich ante un "eventual ataque (polaco) contra Lituania". El embajador polaco en París, Lukaszewicz, explicaba a sus colegas norteamericanos que lo que estaba en juego en Europa era una lucha entre el nazismo y el bolchevismo, en cuyo campo incluía a "agentes de Moscú" como el Presidente checoslovaco, Edvard Benes. "Alemania y Polonia pondrán a los rusos en fuga en tres meses", decía el embajador, en vísperas de que la agresión contra su propio país marcara el inicio "oficial" de la Segunda Guerra Mundial.

Para entonces, aquella guerra tenía ya ocho años de historia en el mundo. El mundo de los dominios imperiales de Asia y África, donde la guerra, el atropello, la invasión y el racismo, no contaban, mientras no colisionaran con los propios intereses.

En 1931 los japoneses se habían apoderado de un trozo de China mayor que Francia. En 1933 y 1935 habían expandido su invasión a otras tres provincias chinas, practicando su guerra química y bacteriológica con experimentos en la población civil.

En 1935 Italia invadía Abisinia, con el Mariscal Badoglio utilizando gas mostaza contra la población civil.

En julio de 1939 el gobierno británico declaraba, "reconocer por completo la situación actual en China".

Ni Londres ni Washington protestaron o se opusieron al ataque japonés contra Mongolia, retaguardia de la URSS, a partir de mayo de 1939 y que, en la batalla de Jaljyn Gol, produjo más muertos que toda la campaña de la invasión alemana de Francia.

No pasaba nada y el encargado de la "India Office", Leopold Amery, explicaba por qué con toda claridad, al defender la agresión japonesa contra China en la Cámara de los Comunes; "si condenamos lo que Japón ha hecho en China, tendremos que condenar igualmente lo que Inglaterra hizo en Egipto y la India".

En un libro escrito en una prisión británica entre abril y septiembre de 1944, coincidiendo con el desembarco de Normandía, Nehru, fundador de la nueva India explicaba así la situación: "Tras algunas de aquellas democracias había imperios en los que no había democracia alguna y donde reinaba el mismo tipo de autoritarismo (racista) que se asocia con el fascismo, así que era natural que aquellas democracias occidentales sintieran algún tipo de unión ideológica con el fascismo, por mucho que les disgustara algunas de sus expresiones más vulgares y brutales".

"La política británica había sido casi ininterrumpidamente profascista y pronazi", recapitulaba Nehru en su celda del Fuerte de Ahmadnagar, pero todo se acabó, cuando se vio que aquel "aliado natural", aquel pariente, se volvía contra los intereses occidentales.

"Se hizo cada vez más obvio que, pese al deseo de calmar a Hitler, éste se estaba convirtiendo en el poder dominante en Europa, desmontando por completo el antiguo equilibrio y amenazando los intereses vitales del Imperio Británico".

El resultado fue una alianza forjada sobre las circunstancias y la estupidez de Hitler, quien, si hubiera atacado primero a la URSS en lugar de atacar a Polonia, habría sido aplaudido por las democracias. Esta idea fue expresada al final de la guerra por el propio Hitler en un texto poco conocido.

En febrero de 1945, Martin Bormann recogió varios monólogos de Hitler que tienen valor de testamento político. Dos meses antes del final, Hitler coincidía en ellos, con la tónica de los políticos británicos y americanos de antes de la guerra, al reflexionar sobre los errores que habían conducido a la derrota.

La campaña contra Rusia era "inevitable", decía. Su problema era haberla desencadenado en un momento poco adecuado. La guerra en dos frentes había sido un error, reconocía, pero la responsabilidad última era de americanos y británicos, con quienes habría sido posible llegar a un acuerdo.

"La guerra contra América es una tragedia". "Ilógica y carente de todo fundamento". Sólo la "conspiración judía contra Alemania" la había hecho posible.

Cargada de delirios, su mirada al futuro, contenía un pronóstico del mundo bipolar que se avecinaba: "Con la derrota del Reich y la aparición de los nacionalismos asiáticos, africanos y puede que sudamericanos, sólo quedarán en el mundo dos potencias capaces de confrontarse; Estados Unidos y la Rusia soviética. Las leyes de la historia y de la geografía, las empujarán hacia una prueba de fuerza, sea militar o económica e ideológica".

El aparato de propaganda y relaciones públicas más formidable de la historia ha fabricado su leyenda sin apenas fisuras. Hollywood, la industria mediática en manos de magnates, los sistemas de alimentación oficial de esa industria y, por supuesto, el ejército de conformistas bien pagados encargado de transmitirla, han escrito la versión más conveniente. La historia es suya. Llegamos así al discurso de George Bush en la celebración del aniversario del desembarco.

Reivindicando lo único positivo que la intervención militar extranjera de Estados Unidos tiene en su haber en más de medio siglo, el Presidente vende su actual cruzada.

Obteniendo la merecida gratitud que los franceses, italianos, belgas y holandeses le deben al soldado Ryan, pretende mantener el vasallaje europeo ante la larga lista de crímenes impunes cometidos por el militarismo americano desde entonces.

El hombre que, según las encuestas, encarna la guerra y promueve la desestabilización global, para la mayoría de los europeos, habla hoy en Normandía de moral, de libertad y de principios, y recibe el tributo y el aplauso de los dirigentes de la "vieja Europa".

La generosidad y el heroísmo de los 10.000 caídos en aquellas playas francesas sirve, así, para reivindicar su "guerra contra el terrorismo", la destrucción de los frágiles rudimentos del derecho internacional y del control de armamentos, la agresión preventiva o "humanitaria", el armamentismo y la banalización del uso del arma nuclear en guerras convencionales. Es el momento de recordar quién era el máximo representante de esas mismas tendencias en el mundo de hace 60 años.

La guerra no la ganó el soldado Ryan en Normandía, pero un indigno peligroso reivindica su gloria.

El Diario de Pekín, Rafael Poch, La Vanguardia (04/06/04)

miércoles, julio 15, 2009

Socialismos declinantes

Por Manuel Molares. En España no hemos analizado atentamente el resultado de las elecciones europeas, que, junto con el fracaso socialista, permitieron la eclosión de movimientos neorrománticos que se nutren de izquierdistas como cuando nacieron los fascismos. En la Europa comunitaria acaba de ganar esa derecha que, según Rodríguez Zapatero, provocó la actual crisis económica, algo que los europeos no creyeron al derrotar a la izquierda clásica con notable contundencia.

El hundimiento laborista en el Reino Unido fue paralelo al éxito ultraderechista del BNP, lo que señala que buena parte del electorado socialista se pasó a este partido que cultiva el romanticismo nacionalista y neofascista. En Francia, el votante socialista se pasó a otro romanticismo, el ecologismo radical que tarde o temprano conduce al fascismo al imponer obligatoriamente su antimodernidad y nihilismo buenista.

Donde los partidos socialistas perdieron menos, como en España y Alemania, todavía no se detecta la eclosión ultra de ambos extremos. Pero en países con antiguas izquierdass poderosas, como Italia, Austria, Bulgaria, Hungría y Rumanía, crec especialmente la ultraderecha, pero también la ultraizquierda, a costa dee los socialdemócratas. Además aparecen quienes, sin ser ultras de izquierda o derecha, presentan programas novedosos, como el Partido de la Libertad holandés, que superó a los aún cogobernantes socialistas. Su exigencia fundamental es que se persigan las tradiciones islamistas que crean aquí guetos machistas, imitadores de Irán o Arabia Saudita, y que, en nombre del multiculturalismo, pretenden incluso que se acepte el burka como forma cultural alternativa. Después del muro de Berlín, el socialismo histórico parece desvanecerse lentamente.

Editorial Diario de Pontevedra, 22/06/09