jueves, mayo 07, 2009

La crisis es financiera, energética, alimentaria y ambiental


CRISIS INTERNACIONAL > ENTREVISTA A JORGE BEINSTEIN

Jorge Beinstein es uno de los pocos economistas que en pleno auge del modelo neoliberal caracterizaron a la globalización como la antesala de una crisis mundial. Sus pronósticos fueron desestimados por una amplia mayoría de intelectuales conservadores y liberales, que entonces creyeron ver una reconversión superadora del viejo capitalismo keynesiano. Sin embargo, el desprestigio que las recetas neoclásicas experimentaron en América latina desde fines de los ’90 y el reciente colapso del sistema financiero internacional revalorizaron su voz en los círculos académicos. Hace pocos días estuvo en la Feria del Libro presentando su libro Crónica de la decadencia y Cash aprovechó para conversar con él sobre las perspectivas que se abren en el nuevo contexto.

¿Por qué la crisis actual debe ser vista como la expresión de la fase terminal del capitalismo y no como una crisis cíclica más dentro del sistema?
–Primero por su magnitud. Hasta ahora en los planes de salvataje se insertaron 8 billones de dólares cuando los ingresos fiscales de los países del G-7 son iguales a 10 billones. Se calcula que la masa especulativa global en este momento asciende a 1000 billones. Cuando fue la crisis de 1929, el 3 por ciento de los estadounidenses estaba vinculado con la especulación bursátil y en este momento es casi el 60 por ciento. Ahora bien, esta crisis también es diferente en términos cualitativos. No es sólo una crisis financiera sino también una crisis energética, alimentaria y ambiental.

Algunos analistas relativizan el supuesto carácter terminal de la crisis diciendo que el capitalismo está en crisis desde que surgió y sin embargo no para de expandirse.
–Siempre están los que piensan que el capitalismo llegó para quedarse. Es una utopía conservadora potenciada por un sistema que desde sus orígenes se las ingenió para superar todas las crisis de sobreproducción. El problema es que a partir de los ’70 se empiezan a manifestar elementos de crisis que no son sólo de sobreproducción sino también de subproducción, pese a que en los viejos debates se consideraba que estas crisis habían desaparecido junto con las civilizaciones anteriores al capitalismo.

¿Cómo es posible que al mismo tiempo haya una convergencia entre una crisis de sobreproducción y otra de subproducción?–Lo que pasa es que la sucesión de crisis de sobreproducción, siempre superadas o al menos amortiguadas, fue generando elementos de depredación energética, ambiental y agrícola que están devorando al capitalismo. Las crisis de sobreproducción nos diferenciaban del precapitalismo porque antes solo se conocían los ciclos más largos, las crisis de civilización, pero resulta que al final no éramos tan originales y también terminamos teniendo crisis de subproducción. El capitalismo se fue convirtiendo en un sistema que destruye fuerzas productivas. En los próximos años va a haber menos energía, menos capacidad de producción industrial y menos alimentos por habitante.

La producción de alimentos creció de manera espectacular.–El problema es el sistema social, porque en realidad lo que se está produciendo crecientemente es soja para los chanchos y maíz para elaborar combustible. Ese maíz ya no puede ser considerado un alimento. Es un insumo para la producción. A nivel mundial, la cantidad de alimentos por habitante disminuye. Además, el desarrollo agrícola de avanzada ha llegado a un nivel tal de exacerbación de la productividad que está destruyendo la tierra, el recurso de base para la producción agrícola. Al utilizar glifosato para cosechar soja se logra aumentar la productividad por hectárea, pero en diez años la productividad va a terminar siendo menor a la que se tenía cuando se empezó a utilizar ese insumo.

Si el maíz se destina a la producción de biocombustibles va a haber más energía.–Se produce más energía de origen agrícola, pero cuando se calcula la totalidad de la producción energética (tomando en cuenta petróleo, gas, energía nuclear, solar y biocombustibles) y se lo divide por la cantidad de habitantes, se observa que desde fines de los `80 la producción de energía por habitante está empezando a caer. Usted me podría decir que la gente puede vivir mejor consumiendo mucha menos energía, pero eso significa pensar en otro modelo de sociedad. La Agencia Internacional de Energía, que siempre había negado el Peak-Oil, en 2005 distribuyó un borrador titulado “Posibles medidas ante un eventual colapso energético”. Allí proponen prácticamente la eliminación del transporte privado, la descentralización de la industria y la descentralización política y administrativa. Ahora bien, que alguien explique cómo haría para funcionar la sociedad capitalista actual con esas reformas.

En la última cumbre del G-20, los líderes mundiales afirmaron que ésta no es una crisis del capitalismo sino una crisis de origen financiero que se revierte con mayor regulación sobre los mercados.
–Es un error trazar una división entre el sector financiero y el productivo. Hace un cuarto de siglo, las 200 más grandes corporaciones estadounidenses hacían negocios financieros y los mismos representaban cerca del 10 por ciento de sus beneficios. En la actualidad, esos beneficios están entre el 40 y 45 por ciento. En los últimos treinta años, las empresas productivas llevaron adelante esa reconversión porque hubo una desaceleración de la demanda y los excedentes de capital se fueron destinando al sector financiero. Esa es la economía capitalista realmente existente. Por lo tanto, si se pone fin al negocio financiero, muchas empresas supuestamente pertenecientes al mundo productivo deberán cerrar sus puertas. General Motors está al borde de la quiebra, pero en los últimos años una de las formas que había encontrado para sobrevivir era la multiplicación de negocios financieros. Además, no solo está el problema de las empresas. La sociedad de consumo en Estados Unidos y Europa sólo fue posible con la financiarización de los consumidores, que sirvió para amortiguar la crisis de sobreproducción.

Se fue postergando la resolución de los problemas.–Sí, pero las dificultades son cada vez mayores. Ahora están haciendo los salvatajes, pero el problema no es de liquidez sino de solvencia. Aunque la tasa de interés baje a cero la persona que ya está endeudada no va a querer seguir endeudándose para consumir. Lo que quiere es conseguir un trabajo seguro. Se llegó a una situación de sobrecarga de deudas para financiar las compras y también hay un límite en cuanto a la posesión de objetos. El problema de la industria automotriz se explica en parte por la saturación de automóviles que existe en los países ricos.

¿Esta situación se puede revertir?–No hay cómo hacerlo. Lo que se hizo desde los ’70 hasta ahora fue simplemente amortiguar la crisis. Ahora bien, yo no estoy diciendo que esta situación lleve a un derrumbe inmediato del sistema. Es un proceso de decadencia que se puede amortiguar, pero ya la vieja prosperidad no vuelve.

¿Durante cuánto tiempo se puede amortiguar una crisis? Si el capitalismo puede amortiguar un desenlace terminal durante cien años es porque ese desenlace dejó de ser terminal.–La degeneración parasitaria del capitalismo empezó hace casi un siglo. La dominación del capital financiero es de fines del siglo XIX. El capitalismo consiguió sobrevivir, pero lo hizo en condiciones cada vez peores. La etapa actual es una exacerbación de la decadencia, pero nadie sabe lo que puede pasar. La crisis propone y la cultura dispone.

La ventaja que tiene el sistema actual es que sus principios fundantes, como el individualismo, están muy arraigados en cultura moderna.–Una de las características que han tenido las últimas décadas es que todo el planeta se hizo burgués, más allá de algunos enclaves. La civilización burguesa es una cultura planetaria. La cuestión es hasta qué punto esa cultura es viable. Puede haber una superación, pero también se puede entrar en decadencia.

En otros períodos históricos la crisis hizo pensar en la posibilidad de un cambio y hubo rebeliones populares generalizadas, pero ahora predomina la apatía.–La magnitud de la crisis dejó a muchos ciudadanos paralizados. No hay que olvidar que el neoliberalismo provocó una desestructuración social terrible. La falta de reacción puede ser la expresión de una profunda decadencia cultural, pero también puede ser la calma que precede a la tormenta. El analista Zbigniew Brzezinski dejó de lado sus habituales reflexiones sobre política internacional y desde hace algún tiempo viene advirtiendo sobre el peligro de motines sociales en los Estados Unidos. Por ahora no hubo reacciones violentas, pero no se lo debe descartar.

En este contexto, ¿qué margen de acción tiene la gestión pública? ¿Da lo mismo Barack Obama que George Bush?
–La llegada de Obama refleja la crisis de la alternativa más radical del capitalismo, que era Bush. Los grandes partidos no pudieron imponer a sus candidatos tradicionales y terminó ganando un outsider de la política que encima es negro. Ahora bien, eso no significa que Obama implique un cambio de sistema. Está haciendo los mismos salvatajes que Bush y aumentó el gasto militar.

También les dio algunas señales a los sindicatos diciéndoles que ésta es su hora.
–Por ahora son sólo palabras porque los salvatajes son financieros. No hay redistribución del ingreso en los Estados Unidos. Los salvatajes tienen rostro keynesiano, pero están queriendo salvar lo que viene de la era neoliberal. Si quiere llevar adelante un verdadero programa keynesiano tampoco le va a ser fácil. Por ejemplo, si decide prohibir la importación de productos chinos, va a tener un conflicto muy importante con empresas estadounidenses que se radicaron en China para seguir siendo rentables. Con esto no quiero decir que no haya alternativas. Lo que digo es que las verdaderas alternativas no están dentro del sistema capitalista.

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Suplemento Cash, 05/05/09

martes, mayo 05, 2009

Conspiración y secretos

La propia palabra secreto es repugnante en una sociedad libre y abierta; y nos hemos opuesto intrínseca e históricamente a las sociedades secretas, a juramentos secretos y a procedimientos secretos.

Porque nos enfrenta en todo el mundo una conspiración monolítica y despiadada que se basa principalmente en medios encubiertos para expandir su esfera de influencia basada en infiltración en lugar de invasión, en subversión, en lugar de elecciones, en intimidación en lugar de libre elección.

Es un sistema que ha reclutado vastos recursos humanos y materiales para construir una máquina eficaz estrechamente tejida que combina operaciones militares, diplomáticas, de inteligencia, económicas, científicas y políticas.

Sus preparativos son ocultos, no se publican.

Sus errores son enterrados, no salen en los periódicos.

Sus disidentes son silenciados, no elogiados. No se cuestionan los gastos, no se publican los rumores, no se revelan los secretos. Es por eso que el legislador ateniense Solón decretó como delito que los ciudadanos se aparten de las controversias.

Pido su ayuda en la tremenda tarea de informar y alertar a la población norteamericana, confiando que con su ayuda los hombres serán como han nacido, libres e independientes.

Kennedy, Zeitgeist

jueves, abril 30, 2009

Malasia: Los penan critican la cooperación de Accor con madereros de Borneo


Miembros del pueblo indígena de los penan en Borneo han escrito al director ejecutivo de la empresa hotelera más importante de Europa, ACCOR, pidiéndole que ponga fin a la cooperación de su empresa con los madereros que están destruyendo sus bosques.

ACCOR está construyendo un complejo hotelero de 388 habitaciones en Kuching, Sarawak, con la compañía maderera de Malasia Interhill. Los penan llevan protestando contra la destrucción de sus tierras a manos de Interhill desde finales de los años ochenta.

Setenta y siete penan han firmado la carta dirigida al director ejecutivo de ACCOR, Gilles Pélisson. “Interhill está extrayendo madera de nuestros bosques en contra de nuestra declarada voluntad y sin contar con nuestro consentimiento”, dice la carta. “Sin nuestro bosque, nosotros, los penan, no podemos sobrevivir”.

La asociación suiza Bruno Manser está desarrollando una campaña con el objetivo de que ACCOR abandone su proyecto con Interhill.

La carta de los penan continúa así: “A pesar de nuestras repetidas protestas, Intehill no respeta nuestros límites, sigue cercenando nuestra tierra ancestral y desprecia nuestros derechos nativos consuetudinarios. Es por ello que hemos empezado a trazar un mapa de nuestra tierra y pronto presentaremos una demanda contra Interhill”.

“Dependemos del agua limpia de nuestros ríos, de los jabalíes que cazamos en el bosque y de las frutas y alimentos que recolectamos de los viejos árboles, de las palmeras de sagú y de las vides del junco de indias. Muchos de nosotros padecemos problemas de salud severos causados por la actividad maderera y sufrimos debido a la pérdida de nuestros caladeros de pesca a la vez que la caza se ha hecho mucho más difícil”.

Firma la recogida de firmas contra la cooperación entre ACCOR e Interhill.

Artículo de Survival (28/04/09)

miércoles, abril 29, 2009

Definición de sostenibilidad



Se ha creado una plataforma para reivindicar la inclusión de la palabra sostenibilidad en el Diccionario de la Real Academia. Es estupendo que surja esta iniciativa, ya que señala que la sociedad requiere una nueva palabra para una realidad que anteriormente no existía y por lo tanto no necesitaba ningún vocablo ni definición.

Como nuevo paradigma, la sostenibilidad debería ser, según mi opinión una utopía. La utopía es necesaria para alcanzar cualquier cambio - véase la felicitación de Mandela a Obama - y, por lo tanto, debería definirse como el estado que queremos para nuestro planeta y su vida.

En primer lugar, sostenibilidad debería ser equilibrio, vida en armonía en nuestro planeta. Una vida armónica en un ecosistema llamado Tierra donde los elementos bióticos y abióticos se renuevan de forma orgánica.

En este blog, se recogen propuestas de definiciones de la palabra para proponerlas al Diccionario de la Real Academia. Tras leer algunas, he querido escribir este post para reivindicar que algunas palabras que se citan en dichas propuestas no se puedan vincular de ninguna manera con sostenibilidad:

Productividad – no tiene nada que ver con el funcionamiento orgánico del ecosistema. Únicamente se refiere a la explotación de recursos de forma más rápida y/o eficiente para generar riqueza humana.

Explotación – una palabra tan negativa no puede formar parte de una utopía

Crecimiento – el crecimiento se asocia con capitalismo que es un sistema económico que necesita recursos y crecimiento infinito en un planeta finito.

Medio ambiente – el medio ambiente es una externalidad del sistema capitalista y se concibe por el mismo como una fuente de recursos que el ser humano debe aprovechar. El ecosistema no es propiedad del ser humano y tampoco puede ser dominado. Se rige por sus normas y se autoorganiza como un sistema complejo y sistémico imposible de predecir, regenerar, renovar o sustituir con medios humanos.

Proceso – tampoco se trata de un proceso. Las agendas 21, el desarrollo sostenible (si es que existe), Transition Towns, etc. son herramientas o procesos de cambio. La sostenibilidad es el paradigma deseable.

Sostenibilidad es el paradigma de la convivencia dinámica, compleja y en equilibrio de los elementos bióticos y abióticos que conforman nuestro planeta Tierra.

Me atrevo a decir que es una ideología que acoge nuevas corrientes de pensamiento sistémicas y complejas que tienen como fin constituir sociedades orgánicas en equilibrio dinámico con la Tierra.

Es cierto que es una visión antropocéntrica, pero viniendo de una ser humana no puede ser de otro modo, ya que el pensamiento y la auto-reflexión que entendemos sólo se da en nuestra especie.

NOTA 08/04/2014:
Sostenibilidad no es eficiencia energética ni destrozar medio país y añadirle 'verde': he añadido algunas aclaraciones sobre lo que no es sostenibilidad por más que se pongan la palabra en la boca.

Construir utopías: decrecimiento


Serge Latouche, una de las cabezas pensantes del decrecimiento, en su conferencia en Barcelona del pasado mes de marzo explicó que los cambios sólo eran posibles si se soñaban o si se forjaban utopías que pareciesen inalcanzables.

Para explicar cómo alcanzar una utopía, se refirió a la felicitación de Nelson Mandela al recién nombrado presidente de los Estados Unidos:

"Tu victoria ha demostrado que ninguna persona en el mundo debería abandonar el sueño de cambiar el mundo para transformarlo en un lugar mejor."

En la lucha contra el apartheid, desde hace más de 50 años, Mandela soñó que algún día un presidente pudiese ser negro. Tras 27 años en prisión, en 1990 fue elegido presidente de Sudáfrica. Ahora Barak Obama se ha convertido en presidente de uno de los países que dominan el mundo.

Ahora está en nuestras manos soñar, forjar utopías y transformar nuestro mundo en un lugar mejor.