sábado, diciembre 15, 2007

Escuela de Animales

Un conejo, un pájaro, un pez, una ardilla, un pato y otros animalitos, se reunieron para fundar un colegio y se sentaron a redactar el programa de estudios.

El conejo quiso que en el programa se incluyera la carrera. El pájaro quiso que se incluyera la técnica de volar. El pez, la natación. La ardilla insistió en que debía agregarse el modo de trepar a los árboles en forma perpendicular. Los demás animales también quisieron incluir su especialidad en el programa de modo que anotaron todo y cometieron el gran error de exigir que todos los animales cursasen la totalidad de las materias.

El conejo era excelente en carrera. Nadie corría tan bien como él, pero le exigieron que aprendiera a volar. Lo subieron entonces a un árbol y le ordenaron:

- ¡Vuela conejo!

Y el pobrecito se lanzó, se quebró una pata y se fracturó el cráneo. Quedó con una lesión cerebral y ya no pudo correr bien, de manera que en vez de obtener la máxima calificación en carrera obtuvo una inferior y sacó la mínima en vuelo puesto que estaba aprendiendo. Y el Consejo de estudios estaba feliz.

Lo mismo le sucedió al pájaro. Era capaz de volar por todas partes, dar volteretas y sacar las notas más altas hasta que le pidieron que cavara hoyos en la tierra como topo. Por supuesto que se quebró las alas y el pico y no pudo volar más, pero sus maestros se contentaron con bajarle la calificación en vuelo, y así sucesivamente.

¿Y saben quién fue el alumno que dijo el discurso de despedida en la graduación? Una anguila retardada mental porque podía hacer todo relativamente bien.

El búho abandonó los estudios y ahora vota en contra de todos los impuestos que quieran implantarse para "promover la educación"

Sabemos que hay muchas cosas que andan mal en el sistema educativo actual y, sin embargo, no se hace nada al respecto. Uno puede ser un genio, uno de los mayores escritores del mundo, pero no puede ingresar a la universidad porque no aprueba trigonometría ¿Con qué objeto? No importa quién es uno.

Escuchen estos nombres que abandonaron sus estudios: William Faulkner; John F. Kennedy; Thomas Edison. No pudieron enfrentar al colegio, no lo soportaron.

El pájaro dice: "No quiero aprender a trepar árboles en forma perpendicular. Soy capaz de volar hasta la copa del árbol sin necesidad de hacer eso" y le responden:

"No importa se trata de una buena disciplina intelectual"

Leo Buscaglia

viernes, noviembre 30, 2007

Igualdad de género: notas libros Lucía Etxebarría

El concepto de género está sometido a manipulaciones sociales. Una convención impuesta. No asociada a factores biológicos. Nacer hombre o mujer no supone implicaciones de comportamiento irreversibles. Nos comportamos como tales por educación. Los roles sexuales se aprenden en función de los hábitos culturales. No son innatos. Las mujeres no son hembras porque lleven tacones. Los hombres no son machos por llevar corbata.
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 204)

Una mujer, me decía mi madre, no debe ir sola a un bar. Todo el mundo sabe qué es lo que buscan en los bares las mujeres sin compañía.
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 23)

Su hermana mayor se casó con un gañan de manos rojas y cintura de barril cuyo único mérito aparente parecía ser la seguridad de que en un futuro sería capaz de llevar una granja.
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 35)

¿Qué pasaría si me dirigiera a alguno de esos chicos guapos del autobús y le dijera. aquí estoy, haz conmigo lo que quieras. ¿Hace eso una mujer?
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 53)

"Herminia, hija, qué niña tan antipática y tan rara has criado, más tiesa que un palo, más seca que una alpargata". De haber sido yo un chico seguro que no habrían insistido tanto, y quizá yo no habría acabado tan obsesionada con mi aspecto.
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 120)

Se hablaba de ocupaciones etiquetadas como más o menos adecuadas para la virilidad de un hombre o más o menos incorrectas para la feminidad de una mujer. A las mujeres les correspondía una cierta forma de docilidad, de refinamiento, de sensibilidad de gustos, de comportamientos. Ellos eran más fuertes y rudos, menos sensibles, más encaminados al trabajo duro.
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 130)

Cuando la niña creció su madre, su padre y sus tías se pusieron de acuerdo por una vez. La niña no podía quedarse en Oviedo, porque allí todo el mundo sabía lo de su enfermedad, y resultaría imposible casarla. Al padre, que era abogado y había estudiado en Madrid, no le apetecía condenar a la niña a la maledicencia de los ignorantes, y a la madre y a las tías les parecía una pena que una delicia de chica como aquella, tan fina y tan mona, se tuviera que quedar a vestir santos.
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 149)

Entonces me quería de verdad, y yo me casé con él segura de él, de que él me cuidaría toda la vida. Él, que había imaginado niños correteando por la casa, uno o dos varoncitos que perpetuaran su nombre y una niña que heredara la belleza de la madre, se decepcionó al ver que aquellos niños no llegaban y se cansó pronto de ella, como un niño que, aburrido de jugar, relega para siempre a un rincón aquel cochecito por el que había suspirado tantas meses.
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 152)

[...] Las susodichas guías tampoco tenían desperdicio: en una decía algo así como “al cuarto mes de embarazo te podrán hacer una amniocentesis y sabràs el sexo del bebé. Ya puedes llamar a la abuela y decirle si tiene que tejer los patucos azules o rosas”
Un milagro en equilibrio, Lucía Etxebarría

jueves, noviembre 29, 2007

ADREÇAT A UNA ESCRIPTORA QUE EQUIVOCAVA ELS GÈNERES PER CULPA D’UN FEMINISME MAL ENTÈS

Dedicat a la secció Filològica de l’Institut d’Estudis Catalans per la seva enorme tasca de posar al dia, amb tanta promptitud la normativa lexical de la nostra llengua.

Permet-me, dona, que faci una esmena
a l’únic vici que tinc del teu noble estil,
que, potser per afany antiviril,
gènere i sexe confon i malmena.

Si té una dona una professió
només per homes fins ara exercida,
has de pensar que pot ser suïcida
feminitzar-la amb un nom carrincló.

Si una dona és doctor i li dius doctora,
no està gens malament, car t’ho permet
(sense forçar cap deure ni cap dret)
l’analogia de senyor i senyora.

Si és dentista, l’hauràs de deixar igual:
no fóra bo de dir-li “dentitessa”;
si és metge, sí que li pots dir metgessa
sense fer cap error gramatical

(tot i que el nom també escau a la dona
que és del metge d’un poble la muller).
I, si fas de tot el que et diré,
detectaràs què sona i què no sona.

Si una dona fa versos, és normal
de dir-li poetessa (fóra indigne
pensar que el femení no li és prou digne,
o bé que el masculí li fa menys mal).

És lleig, en canvi, dir-li “la poeta”
ferint la concordança i el bon gust;
però és que a més a més és tan injust
com dir “profet” a un home que és profeta.

I vicerversa: si dius “prostitut”
a un home que es dedica al vell ofici
que permet fer amb el cos un benefici,
què et privarà de dir-li també “put”?

O si una dona (i d’això pren-ne nota)
pilotés helicòpters i avions,
ni que et doni el ser dona mil raons,
seràs capaç de dir-li mai “pilota”?

Igualment trobaria que és molt trist
decidir que és “planet” aquest planeta,
dir “trompet” a un que toqui la trompeta
i a un arrencaqueixals dir-li “dentist”.

Els gèneres i els sexes, escriptora,
no són mai totalment coincidents,
i, per més que t’hi facis amb les dents,
cap furor femení no és mai “furora”.

Els codis de la llengua són molt nets:
no tenim “sargants”, ni “cocodriles”, ni “cigals”, ni “llenguades”, ni “mandriles”, ni “gavins”, ni “esparveres”, ni “orenets”.
Ni un tren no pot ser el mascle d’una trena,
ni és una fila el femení d’un fil,
ni vila no designa “dona vil”,
ni mai no fan l’amor el be i la bena.

I és que, posem per cas, un esparver
tant pot ser mascle com pot ser femella;
el seu nom masculí s’aplica a ella
i a ell ensems. Ni hi tenim res a fer.

Homes i dones, rebutgem la broma
dels hòrrids masculins i femenins!
El sexe i el llenguatge són sublims;
si fent l’amor no hem de ser mai mesquins, tampoc no hem de ser un plom usant la ploma.

Poema de Salvador Oliva

jueves, agosto 16, 2007

Turismo sostenible


Muchas personas piensan que el turismo aporta riqueza a los países en vías de desarrollo, que el turismo en un hotel de inversión extranjera genera lugares de trabajo, economía y "evolución" en esas zonas deprimidas.

En parte es cierto, el turismo genera empleos para sectores de la población y no es necesario pensar en el turismo convencional de playas. Por ejemplo, el turismo deportivo en el Himalaya u otras regiones permiten la creación de puestos de trabajo, hoteles y un desarrollo de las comodidades de la sociedad local.

La transformación de la cultura en el Khumbu no ha traído consigo una mejora general, pero no oí que muchos sherpas se quejaran de los cambios. Las divisas que aportan el deporte del alpinismo, así como las subvenciones de organizaciones internacionales de beneficiencia, han servido para crear escuelas y hospitales, reducir la mortalidad infantil, construir puentes y llevar energía hidroeléctrica a Namche y otros pueblos. Resulta un tanto paternalista por parte de los occidentales lamentar la pérdida de aquellos buenos viejos tiempos en que todo era mucho más simpe y pintoresco en el Khumbu. La mayoría de la gente que habita esta accidentada región no parece tener deseos de que la excluyan del mundo moderno o del aluvión del progreso humano. Los sherpas no quieren, por nada del mundo, que los conserven como especímenes en un museo arquelógico.
Mal del altura, Jon Krakauer (Pág. 75)


Si bien este desarrollo es parcialmente positivo, este tipo de turismo no beneficia a toda la sociedad y las culturas y formas de vida se mutan para transformarse en una réplica "pobre" de la cultura occidental.

En realidad, el aporte económico o el desarrollo excelente viene de la mano de un desarrollo genuino, que no imite el comportamiento o las necesidades occidentales; sinó que evolucione y crezca a su manera. De lo contrario, vemos repetirse una y otra vez los mismos problemas a los que nos enfrentamos los occidentales. Siguiendo con el mismo ejemplo del turismo de alpinismo en el Himalaya:


La manera más simple de reducir el número de futuras tragedias sería, quizá, prohibir el oxígeno embotellado a no ser para su uso médico de urgencia. Algún que otro insensato moriría tal vez tratando de coronar sin oxígeno, pero un buen número de escaladores sin probada competencia se vería forzado a dar media vuelta por sus propias limitaciones físicas antes de llegar a altitudes problemáticas. Y una normativa antioxígeno tendría como corolario el reducir automáticamente los desechos y los atascos, pues muy pocas personas intentarían escalar el pico si supieran que no existe la opción del oxígeno adicional.

Pero el negocio de las agencias de guías carece de una reglamentación adecuada y está administrado por bizantinas burocracias tercermunidistas totalmente incapaces de valorar la idoneidad de guías o clientes. Es más, los dos países que controlan el acceso –Nepal y China- son asombrosamente pobres. Ávidos de divisas fuertes, los gobiernos de ambos países tienen un interés particular en conceder tantos permisos de escalada como pueda respaldar el mercado, y no es probable que ninguno de los dos promulgue una legislación que limite sustancialmente sus ingresos.
Mal de altura, Jon Krakauer (pág. 327)
Tiene una solución complicada, ya que pedir a esas gentes que no cuenten con sanidad, educación y esperanzas de desarrollo es totalmente injusto. Igualmente injusta se plantea la contaminación y la pérdida de vidas en la montaña por la falta de legislación.

Lo más fácil es que la población tenga posibilidades de desarrollo y que sea ella misma la que elija su futuro. Aunque no sólo mostrando la parte "bonita" de nuestra civilización o del aporte de divisas. Esa parte genera unos costes a los que, a largo plazo, la población deberá hacer frente. Por ejemplo, el mantenimiento de infrastructuras deberá correr a cuenta del país de acogida: aeropuertos, carreteras, plantas de recogida de residuos, rescates en la montaña, telefonía, consumos de agua, electricidad y combustibles de todo tipo. Todo esto genera puestos de trabajo que deben ser sufragados por las administraciones públicas locales. ¿Están preparadas? ¿Recogen suficientes impuestos de esas divisas extranjeras para mantener a su país?
Desde este blog hago una llamada a los gobiernos de los países para que cuando acepten capital extranjero, cuenten con los costes a largo plazo que eso les va a reportar. Una ciudad contruida con capital extranjero es una fuente de ingresos a corto plazo. Pero esa ciudad, luego debe mantenerse, debe tener carreteras, recogida de basuras, servicios sociales, iluminación pública, etc. y esa parte la pagan las administraciones y, al final, su ciudadanía.